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28 noviembre, 2010

Wright Mills contra el empirismo abstracto

Por: Flor Elena Mora Corrales
Wright Mills en su obra La imaginación sociológica tiene el propósito de definir el significado de las ciencias sociales partiendo de la idea de que la tarea y promesa de la sociología es darle al científico social una cualidad mental que le permita usar la información que posee y desarrollar la razón para entender lo que ocurre en el mundo y relacionarlo con lo que experimentan los individuos en sus medios particulares.

Para Mills, la ciencia social también es lo que los científicos sociales están haciendo. En ese sentido en dicha obra esboza el estado que guardan estas ciencias por lo menos en los Estados Unidos de aquella época (hace ya cincuenta años). Se aprecia que en la perspectiva del autor, había prácticas y aun más tendencias sociológicas o corrientes teóricas que eran un obstáculo para el desarrollo de la promesa de toda ciencia social, esto es, la imaginación sociológica.

Entre sus fuertes críticas destaca la que hizo a la tendencia teórica desarrollada ampliamente por el sociólogo Talcott Parsons, es decir el funcionalismo estructuralista. A esta corriente teórica, la acusa de poco menos que un fraude. Sostiene que el 50% de esta teoría es pura palabrería, planteada con mucha sintaxis pero con poca semántica; un 40% es sociología muy conocida de libro de texto (esto es, lugares comunes de la sociología clásica); y el otro 10% lo deja a criterio del lector según las investigaciones empíricas éste que realice pero aclara que según sus propias investigaciones, ese último porcentaje es de un uso ideológico posible, pero ni eso le concede porque define su contenido como “vago”.

La Gran Teoría, como nombra al desarrollo teórico de Parsons tiene el defecto que se queda en eso, en teoría. Plantea problemas y soluciones teóricas y es imposible bajar esta obra “intelectual” (porque señala que hay serios señalamientos de que es ininteligible) al plano de la realidad.

Por otra parte, también emprende una fuerte crítica contra el empirismo abstracto, en términos semejantes a la gran teoría de Parsons, pero por razones totalmente opuestas. Mills afirma que las ciencias sociales exigen consideraciones de método y de teoría pero en esos dos estilos (el de la Gran Teoría y el del empirismo abstracto) se han convertido en obstáculos. Aún más afirma que la inhibición metodológica es paralela al fetichismo del concepto. También afirmaba que "Entre los investigadores sociales no hay serias diferencias entre quienes observan sin pensar y quienes piensan sin observar" .

Y en ese sentido se desarrolla todo el capítulo tres en el que consigna varias observaciones. Primero destaca que su crítica no se refiere a todos los trabajos empíricos abstractos sino sólo aclarará el carácter general que ese estilo tiene.

Por ejemplo inicia afirmando que la forma de obtener sus datos es de lo más atractivo para la mayoría, pues sus métodos no requieren más que una mediana inteligencia. Una entrevista más o menos igual con una serie de individuos seleccionados por muestreo y un ordenamiento de datos predeterminado.

El empirismo abstracto por otra parte al momento de estudiar a la sociedad trabaja con conceptos que no son los adecuados y que no resuelven los verdaderos problemas sociales sino que sólo les ayudan en cuánto al método que quieren aplicar.

Mills igualmente critica que en se tomen pequeñas ciudades como “campos de muestra” pese a que es evidente que la suma de estudios de ese tipo no dan como resultado una opinión adecuada de la estructura nacional de clase, de posición y de poder.

También se sostiene en este texto que el empirismo abstracto no ha resuelto problemas de las ciencias sociales, sino que se ha dedicado a resolver problemas del empirismo abstracto. Ellos han puesto sus propias limitaciones y según sus propias palabras se encuentran poseídos por la inhibición metodológica.

Otro error de este estilo de ciencia social es que no se caracteriza por crear conceptos nuevos ni proposiciones teóricas importantes. Su resultado más sobresaliente es que ha creado un aparato administrativo que emplea a trabajadores intelectuales importantes para el futuro del estudio social y para su burocratización.

El empirismo abstracto se justifica más en la filosofía de la ciencia que en la ciencia social misma. Apuestan más a un método científico similar al de las ciencias naturales y ello conlleva a que ese método científico decida la clase de problemas a que prestará atención y el modo que éstos han de formularse, lo cual constituye, según el autor, una gran limitación.

La sociología desde esta tendencia se mira como una “comadrona” de especializaciones. Y esta idea es obra de Paul F. Lazarsfeld quien concibe a nuestra disciplina como una especialidad metodológica. Esto significa que si algo no se ha convertido en objeto del método o no ha sido reconocido como una ciencia social desarrollada, es la sociología la que le asignará el grado de especialización sociológica.

Paul Lazarsfeld se jacta también de que hay dos tipos de científicos sociales: los científicos de las ciencias sociales empíricas perfectas y los filósofos sociales individuales desorganizados. Será tarea de los primeros convertir a los últimos en metodólogos, esto es en científicos sociales empíricos. Esta transición se caracteriza por tomar cuatro direcciones de trabajo:

1. Hay un cambio de interés que pasa de la historia de las instituciones y las ideas a la conducta concreta de los pueblos.

2. Aunque Lazarsfeld sostiene que la tendencia será no estudiar aisladamente un sector de los asuntos humanos sino a relacionarlo con los demás sectores, Mills lo contradice y asegura que esto no es más que lo que quiere decir con relacionar se refiera más a la cuestión estadística.

3. Existe una preferencia por estudiar situaciones sociales repetitivas, pero no por ser ésta una consecuencia de la estructura social sino porque esta puede ser estudiada estadísticamente cuantas veces se quiera hacerlo.

4. Se le da mayor importancia al acontecer contemporáneo que a la historia.

Siguiendo con las aseveraciones de Paul Lazarsfeld respecto del oficio del sociólogo, éste considera que la ciencias sociales contienen interpretaciones y teorías y que estos son dominios del sociólogo por lo que ha de convertirse en el guardián de éstas pero siendo sus postura más bien de un metodólogo se refiera a variables interpretativas.

El empirismo abstracto comete el gran error de reducir a variables psicológicas la realidad sociológica.

Mills concluye diciendo que ningún científico social puede estar en contra del uso de estos métodos, pero que no deben de ser estos vacíos de teoría.

4 comentarios:

  1. Anónimo2:41 p.m.

    no pueden comentar algo

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  2. Anónimo3:14 a.m.

    Es interesante para estudiantes de sociologia.

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  3. Anónimo12:21 p.m.

    Bueno que puedo decir, esta es una crítica tan vigente que deberíamos de retomarla sobre todo en Venezuela que la sociología es tan funcionalista tan cuántica, tan sin sabor, sin desarrollos serios mas allá de lo burocracia

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  4. Anónimo7:24 a.m.

    la critica que hace en verdad en alguos casos es cierta, pero mas aun se da el desprestigio de las cienia sociales al plantear que estas no tienen base historica, sin embargo a antropologia es ciencia hermana de la historia a comparacion con la soioogia que la desprestigia tan vertiginosamente este autor

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